El glaucoma es una enfermedad grave que se considera una de las principales causas de ceguera en España. Más de un millón de personas la sufre y cerca del 50% de las mismas desconoce que está afectada de glaucoma, ya que se trata de una enfermedad ocular que en la mayoría de los casos no presenta síntomas. Por eso el Glaucoma es conocido como: “la enfermedad silenciosa de los ojos”.
Esta patología se produce por una lesión del nervio óptico provocada, en general, por un aumento de la tensión ocular como consecuencia de la deficiente evacuación del humor acuoso por parte de nuestros ojos. Esta lesión produce un daño irreparable al nervio óptico, de manera que provoca una pérdida progresiva de la visión que puede llevar incluso a la ceguera total.
Si usted padece glaucoma, es posible que al principio no detecte los síntomas. Si nota síntomas, es posible que su visión ya haya sido afectada de forma importante.
Algunos síntomas comunes son:
Estos síntomas no son siempre señales de glaucoma, pero si usted nota alguno de ellos, es conveniente que acuda a un oftalmólogo.

El objetivo del tratamiento es conservar la visión útil mediante la disminución de la presión intraocular. Las lesiones establecidas son generalmente irreversibles, por lo que el tratamiento se dirige a detener la enfermedad y evitar el progreso del deterioro visual.
Normalmente se utilizan colirios que ayudan a que se produzca menos líquido dentro del ojo o que se facilite su drenaje. Es el tratamiento inicial de la enfermedad, pero el descenso de la presión no suele ser superior a un 30%.
Cuando la “ceguera silenciosa” ha aparecido, la solución a nuestro problema pasa por la cirugía. La trabeculectomía ha sido la intervención estándar en el tratamiento quirúrgico del glaucoma, aunque los nuevos avances apuntan hacia una nueva cirugía mucho menos invasiva.
En OCULAR VISIÓ practicamos la llamada escleroctomía profunda no perforante, intervención con la que se evita penetrar en el interior del ojo. De esta manera disminuyen muy significativamente las complicaciones asociadas a la cirugía del glaucoma, ya que éstas se deben principalmente al descenso brusco de la tensión que provocaban las técnicas perforantes. El postoperatorio es mucho más cómodo para el paciente y su recuperación es mucho más rápida.
El examen de prevención del glaucoma es indoloro y rápido. Toda persona mayor de 35 años debería, al menos una vez al año, tomarse la presión intraocular, hacerse una paquimetría (mide el grosor de la córnea) o realizarse un Campo Visual.
Si su presión ocular está muy cerca del nivel superior de los parámetros establecidos como normales, debe ponerse bajo control para descubrir posibles aumentos futuros.
Si la presión está por encima de lo normal, el especialista observará el nervio óptico para determinar si ha sido dañado y detectará si hay pérdida de campo visual para confirmar el diagnóstico.
Un gran medio de ayuda para nosotros es la CAMPIMETRÍA COMPUTERITZADA, ya que en caso de sospecha de glaucoma, da signos inequívocos de confirmación o no. En caso de glaucoma confirmado, establece una pauta fundamental de pronóstico y tratamiento.
La aparición del Tomógrafo de coherencia óptica y el GDX, nos permiten prevenir la aparición de esta enfermedad realizando un diagnóstico precoz y un seguimiento continuo.
1. Presión intraocular elevada: cuanto más elevada sea la presión del ojo, más fácil es que se produzca la lesión del nervio que llamamos glaucoma.
2. Antecedentes familiares de glaucoma: tener padre, madre o hermanos con glaucoma aumenta el riesgo de padecer la enfermedad. Es aconsejable una revisión ocular cuando se tengan familiares próximos con glaucoma.
3. Miopía: los ojos con miopía tienen los nervios ópticos más susceptibles a la lesión que los ojos no miopes.
4. Traumatismos oculares antiguos.
5. Presión normal: puede aparecer un tipo de glaucoma, a pesar de tener la presión normal, llamado glaucoma normotensivo. Por eso es muy importante hacerse una revisión anual del fondo de ojo y estudio del nervio óptico.
Pacientes de edad avanzada. El glaucoma es mucho más frecuente a partir de los 50 años de edad, y especialmente a partir de los 60 años.